Mundo ficciónIniciar sesiónEl amanecer llegó sin música.
Bruselas despertaba con el rumor de las ruedas de los carruajes y los pregones de los periódicos, pero en la pequeña casa de la rue des Minimes, el silencio pesaba como un manto. Eleanor llevaba horas sentada junto a la ventana, con una carta abierta sobre las rodillas.No era de Gabriel.







