Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl sonido más constante era el del agua goteando.
No el de los pasos de los guardias, ni el arrastre de cadenas, sino aquel goteo interminable, como si el edificio entero sangrara lentamente por sus grietas.Gabriel llevaba tres días —quizá cuatro; había perdido la cuenta— encerrado en aquella







