El amanecer trajo consigo una calma extraña sobre Ashbourne. Tras la furia de las tormentas, los campos amanecían húmedos, brillando con el rocío como si la naturaleza guardara un secreto. Era una paz engañosa, como la que sigue a la batalla. Cada gota de rocío brillando en la hierba le recordaba a las lágrimas que no había derramado, de alegría y de terror. Eleanor bajó a desayunar con su madre, soportando las preguntas insistentes de Lady Whitcombe sobre Lord Ashford. Mientras su madre hablab