Mundo ficciónIniciar sesiónNo eran las torres de Notre Dame ni el perfil del Louvre lo que la impresionaba, sino la contradicción palpable de la ciudad: carruajes lujosos rodando por calles donde mendigos famélicos se acurrucaban, soldados marchando junto a artistas bohemios, banderas imperiales ondeando sobre balcones adornados con flores.
—Aquí respira el poder de Napoleón —dijo Gabriel, mientras el c







