El aire en la mansión Al-Farsi olía a pánico, a productos químicos de limpieza y a muerte fallida. Tariq y Eleanor entraron sin permiso, flanqueados por dos guardias leales que Tariq había contactado desde el aeropuerto, entre ellos estaba Khalid. El lujo que una vez había sido símbolo de poder ahora parecía decadente.
En el gran salón, Fátima esperaba, estaba de pie junto a la ventana, inmóvil. No parecía una mujer que acababa de intentar envenenar a dos miembros de su familia, parecía una est