El silencio en el penthouse era una losa pesada.
Cada paso de Eleanor resonaba en el suelo de mármol como un eco de su propia soledad. El día después de la confrontación con Tariq había sido un infierno. El fantasma de la discusión se movía por los pasillos, un muro invisible que los separaba incluso en el mismo espacio.
Eleanor se había atrincherado en su habitación. Su santuario. Un lujo vacío que, por primera vez, le ofrecía protección. El único rincón donde había comenzado a sentirse segura