A la mañana siguiente, Mateo León entró a la sala de juntas del piso 49 con Sofía a su lado. No la presentó como su asistente. La presentó como **su pareja**.
—Esta es Sofía Mendoza —dijo con voz firme, mirando a los diez ejecutivos sentados alrededor de la mesa—. A partir de hoy, cualquier decisión que involucre al grupo, pasa también por ella. Es mi mano derecha… y mi elección.
Varios ejecutivos intercambiaron miradas incómodas. Uno de ellos, un hombre mayor de unos sesenta años, carraspeó.
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