El dolor en los ojos de Aleksander fue palpable; parecía que él no podía creer lo que escuchaba. Cuando se acercó a mí, buscó una sola mentira en lo que decía, no porque le doliera saber quién me hizo esto, sino porque le dolía saber lo que había pasado.
—No puede ser. —Los ojos de Aleksander temblaron y luego el dolor se transformó en rabia total—. ¡Yo mato a ese infeliz!
Intenté detenerlo, pero no pude hacerlo. Aleksander se lanzó como si fuera un tigre y golpeó a mi tío con una fuerza que pu