No pude soportar el peso y al final me fui a sentar en un rincón; miré que los cocineros me quedaban viendo y era como si se preocuparan. Al final no dijeron nada y me dejaron sola.
—Cariño —Aleksander llegó donde estaba y miró mis pies—. ¡Dios! ¿Qué es lo que te ha pasado? Los cocineros me dijeron que te habías puesto mal y estabas sentada en un rincón de la cocina.
—No te preocupes, es solo que los zapatos me lastimaron. Necesito unas dos tallas más grandes para poder trabajar y, pues, es nec