Sor Pilar retenía de la oreja a aquel hombre como si fuera uno de sus estudiantes; él comenzó a quejarse debido a esto, pero no hizo nada más para librarse del agarre.
—En serio, Cristian. Hace muchos años te dije que supieras seleccionar a las empleadas que iban a trabajar en el sitio en el que ibas a estar, pero aquí tienes a dos incompetentes que andan cubriendo mañosadas y quieren aparentar un orden que no existe. Incluso en mi corral de puercos tengo más orden que en este sitio.
—¿De qué es