Analía extendió su mano en mi dirección; ella lloraba mientras pedía que la detuviera y que no permitiera que estas personas se la llevaran. Intenté alcanzarla y, cuando me tropecé con una piedra, fui sostenida por Aleksander que se apresuró.
—Ten calma, no puedes actuar de manera imprudente, recuerda que te encuentras embarazada y que te quieres enfrentar a una entidad gubernamental.
—¿Y qué esperas que haga? ¿Que me quede de brazos cruzados viendo cómo se llevan a las niñas? No, no puede ser a