—Brielle —Aleksander entró en el cuarto—, no puedes llevarte esa cantidad de vibradores.
—¿Por qué no? Son un obsequio de la tía abuela Adelaida y debes de saberlo. No pienso hacerlo, así que te toca aguantar.
Me metí a la cama esperando que Aleksander reaccionara ante mi broma, miré a mi marido sin temor alguno e incluso él cuando me miró tan decidida tuvo cierto temor.
—¡No puedes quedarte con esa cantidad de vibradores y menos de esos tamaños! Además, ahora ya no estamos peleados, por lo tant