112: Una muerte fulminante
Antes de que la mano de aquella mujer aterrizara sobre el rostro de Elena, ella le dio un puñetazo en su ojo que se le inflamó casi al instante.

—No soy una criatura indefensa; para estar en el sitio en el que me encuentro, me tuve que encontrar con muchas serpientes. ¿Y qué crees? A todas las pisé y les quemé la cabeza. Tú no vas a ser la excepción si te metes con mi hija y osas decirle mal nacida, porque no estuviste ahí cuando me tocó parirla. Así que ve con pies de plomo, porque si me llego
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