Cuando la prima de Aleksander comenzó a armar un alboroto al ver la actitud tan despreocupada de su tía, fue sacada por la seguridad que había sido contratada para dicho evento y también tenían el apoyo de los guardaespaldas de mi esposo.
—Muy bien, ahora podemos pasar a la comida.
En una mesa muy larga se encontraba el banquete servido a modo de bufet; muchos querían probar de la comida, pero nadie se atrevía a acercarse para tomar lo que deseaban.
—¿Por qué nadie se mueve? —le pregunté a Aleks