11: Quemaduras graciosas
Lo que no esperaba era que la mujer terminará cayendo en un carbón encendido, la vieja comenzó a pegar gritos por lo sucedido y terminamos viendo en su falda una parte del glúteo bien quemada.

—Largo de aquí —la voz del hijo del señor Lennox resonó por todo el sitio —no pienso permitir que entren a propiedad privada como si fuera suya.

Analía se fue a los brazos de la señora Diana y yo entré a la cabaña, tomé el rifle que se encontraba ahí y en el momento que iba de salida pude ver como el hijo del señor Lennox empujaba a la mujer del viejo Joaquín.

—¡Eres un bruto! ¡Un salvaje! —ella gritó desde el suelo —pero esto no se va a quedar así, pienso levantar una denuncia por agresión.

—Vamos, hágalo —él habló con sarcasmo —créame que tener al ministro de justicia de mi parte es algo que me da mucha ventaja, además, si fui un bruto y un salvaje fue porque intentó tocar a Analía, eso no se lo iba a permitir y defendí a una criatura de las garras de una vieja bruja que cacaraquea como gallina
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