Aleksander parecía estar totalmente helado; incluso yo no me esperaba esta clase de propuesta de matrimonio y menos estar de rodillas delante de un patán presumido.
—Vaya, pensé que no querías casarte conmigo —su sonrisa fue burlona y sentí como mi estómago se retorcía—, pero aquí estás de rodillas pidiéndome matrimonio. Solo falta que vengas a sacar un anillo para proponerme que sea tu esposo.
—Créeme que si la situación fuera otra, te juro que no estaría pidiéndote matrimonio. Pero las cosas se han complicado demasiado y no puedo dejar a las hijas de mi difunta amiga totalmente solas; ellas ya pasaron por mucho con la muerte de su madre para todavía venir a sufrir del abandono de la única persona que conocen.
Pensé que Aleksander se iba a seguir burlando, pero para mi sorpresa me tomó del brazo y me alzó con una gentileza que había desconocido por completo.
—Está bien, me voy a casar contigo para así adoptar a esas criaturas, pero nos vamos a divorciar una vez que las cosas se arreg