—¡Imposible!
Los ojos de Marcos ardían de furia, y su poder de Alfa chisporroteaba en el aire. Hasta las paredes parecían vibrar con su rabia.
—¡Estás confabulado con Sofía para engañarme, ¿no es así?! —Su voz se elevó en un rugido que hizo temblar las ventanas—.¡Esto es un maldito teatro! ¡Está jugando con mi culpa! Ella estaba bien cuando nos fuimos… ¿Cómo pudo pasar esto…?
Las palabras se le atropellaron, con la negación y el pánico luchando por abrirse paso en su voz.
Sus manos temblaba