Marcos fue derribado al suelo, su cuerpo golpeando la tierra con un sonido sordo.
Permaneció largo rato allí, arrastrándose, con su costoso traje desgarrado y manchado de barro y sangre.
Sus manos arañaban la hierba, dejando surcos en la tierra como un animal herido.
Luego levantó lentamente la cabeza, su rostro cubierto de lágrimas, mocos y tierra.
—Nicolás… eres mi Beta más confiable, mi mejor hermano… —su voz era ronca y quebrada, casi irreconocible—, pero no entiendes…
Se limpió la nariz con