Su tono era directo, sin juicio alguno.
No pude evitar darle un pequeño golpecito en el brazo.
—Él tiene veinticinco, tú treinta y dos. No hay tanta diferencia. Deja de actuar como si fueras un anciano sabio —Moví la mano con desdén, pero sentí el calor subir por mi cuello—, no le des tantas vueltas. Simplemente lo contraté cuando abrí la tienda. Él necesitaba trabajo, y yo necesitaba ayuda.
—Imposible. —La voz de Nicolás sonaba llena de certeza absoluta.
—Soy al menos un Beta, ahora Alfa interi