Nicola
Mis hombres se mantenían en silencio, esperando mis órdenes.
Un zumbido débil interrumpió el momento. La radio del rincón, conectada a los canales de seguridad, comenzó a emitir estática. Por un segundo nadie se movió, pero luego la voz que escuché me dejó paralizado.
—¡Nicola! —era mi esposa. El tono de su voz me puso en alerta máxima.
—¡Valentina! ¿Qué está pasando? —grité, mientras corría hacia la radio.
Renzo se enderezó de inmediato, dejando de lado su actitud relajada. Los demás