Mundo ficciónIniciar sesiónEl sábado amaneció con la luz filtrada por las persianas automáticas del penthouse, dibujando líneas de sombra y oro sobre la sábana de hilos egipcios. El silencio era absoluto, excepto por la respiración profunda y acompasada de Alex a mi lado. Mirándolo así, desarmado por el sueño, era difícil creer que aquel era el mismo hombre que, horas antes, me había dominado con semejante autoridad.







