Clara
La salida de Haroldo y Marina dejó un rastro de calor humano que flotó sobre el penthouse por unas horas, pero, en cuanto el sol comenzó a despedirse en el horizonte, la realidad de mi condición física volvió a pasar factura. El silencio de la sala, ahora sin el parloteo de Marina, parecía amplificar el sonido metálico de los equipos de fisioterapia que Alex había insistido en mantener en el piso de arriba.
Intenté levantarme del sofá sola. Quería simplemente tomar un libro que estaba en l