Capítulo 70

El resto de la mañana del sábado transcurrió en un hiato de silencio absoluto. Alex permaneció en su despacho y yo me obligué a no invadir su espacio, manteniéndome en un rincón de la inmensa biblioteca, fingiendo leer mientras mi cuerpo aún procesaba el despertar intenso. Cuando el reloj marcó las dos de la tarde, la puerta se abrió.

 

Alex no vestía nada más que un pantalón de gimnasia
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