El baño estaba impregnado de vapor, pero yo aún sentía un frío que venía desde adentro, un escalofrío que ninguna agua caliente parecía capaz de disipar. Me sentía sucia. No era solo una suciedad física, era algo visceral. Mientras el agua caía, mi mente, cruel y exhausta, comenzó a proyectar culpas.¿Esto fue un castigo?, pensaba, con las lágrimas mezclándose con el flujo de la ducha. Tenía una relación normal con Oliver. Una vida estable, segura, tibia. Salí de aquello en busca de fuego, de intensidad... de desear que alguien me dominara, que me golpeara de forma consensual. Y en la primera noche que lo intenté, fui atacada. La lógica distorsionada del trauma intentaba convencerme de que yo lo había atraído; que mi deseo de "recibir" dentro de un contexto seguro había abierto las puertas a un psicópata.Con las manos temblorosas, me quité la camiseta negra de Alex. Cuando me vi desnuda frente al espejo empañado, me detuve. Pasé la mano por el vidrio para limpiar la superficie y lo q
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