Clara
El techo de la UCI se convirtió en mi mapa particular durante los últimos días. Conocía cada ranura del yeso, cada oscilación de la luz fluorescente que intentaba imitar el día. El olor a antiséptico ya no me daba náuseas; ahora era el olor de mi supervivencia. Pero, mientras mi cuerpo se esforzaba por soldar los huesos y cicatrizar los tejidos, mi mente era una obra en construcción en pleno caos.
Alex se había ido hacía unas horas. El rastro de su perfume aún flotaba cerca de mi cama, un