Hubo un largo e incómodo silencio, más doloroso que incómodo, en el que los tres dejaron corres las lágrimas sin miedo a ser juzgados, y tratando de unir sus historias personales para entender…
— ¿Y tú… por qué no fuiste a la policía? — al fin Elena, preguntó aclarándose la garganta y sintiendo el filo de la duda.
Darío la miró, herido por la pregunta, pero entendiendo que era justa.
— ¿A qué policía, Elena? Tenía a agentes como Marco, muy bien entrenados buscándome y engañados, creyendo que yo