El grito urgente de Leo fisuró la tensa calma del giardino nascosto, el jardín escondido y la parte más antigua de la propiedad, construida por los tatarabuelos de Dario.
Luciana sintió que el frío se colaba por todas partes entumeciéndola debido al miedo puro. La mano de Dario se apretó sobre la suya, envolviéndola en medio del caos inminente.
El mensaje de Leo era claro:
— ¡Vienen hacia aquí, y no están solos! — su voz cortó el viento con un filo propio.
Dario soltó su mano, su rostro se tran