Después de ese día, en el que el calor y la tensión entre los dos estuvo a punto de consumirla, Dario la entrenó personalmente en el gimnasio, enseñándole la frialdad de la supervivencia.
Luciana, impulsada por el deseo de no darle la satisfacción de verla fracasar, se dedicó a aprender con una furia silenciosa y con todo el empeño, como cuando inicio en la universidad y estaba tan enamorada del arte.
Con el tiempo, la torpeza desapareció. Sus puñetazos ganaron peso, sus caídas se hicieron inst