Después de la implosión de tensión en la habitación, Luciana y Dario se separaron con una rapidez forzada. Luciana se refugió en el baño, cerrando la puerta con pestillo.
El espejo le devolvió una imagen irreconocible, el cabello sudoroso y revuelto, los pómulos arrebolados y los ojos azules que ardían con una mezcla de rabia y una confusión más peligrosa.
Lavó el hollín y la pólvora de su piel, y se vistió con el primer suéter de lana que encontró y unos pantalones de seda anchos. La ropa era s