Por primera vez en varios días, Matteo no estaba investigando nada.
Ni revisaba las conversaciones sospechosas de Vincenzo que había logrado espiar. Ni buscaba información sobre Alejandro en los pocos momentos en que podía usar el teléfono sin que lo vieran.
Ni siquiera repasaba las notas que guardaba con tanto cuidado en la aplicación oculta de su celular.
Simplemente estaba aburrido.
Un aburrimiento profundo, de esos que se sienten en los huesos, aunque uno tenga solo seis años. La villa era