Solo algunas horas después de aquella llamada tan “calurosa” por parte del padre de Dante, el primer titular de Londres apareció en el teléfono de este. La notificación era disimulada y silenciosa pero cargada de peso.
Valentina estaba en la cocina del penthouse, sirviendo una taza de Matcha, un té verde que la relaja cuando el café no lo logra, cuando el celular de Dante vibró sobre la encimera. No lo tomó porque pensó que sería con respecto a su trabajo, tenía la cabeza un poco revuelta.
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