Algunas horas más tarde… El avión privado que envió el Padre de Dante, descendió entre nubes color ámbar que parecían pintadas con fuego viejo. Roma se extendía abajo como una cicatriz antigua, hermosa, eterna, peligrosa. Columnas rotas, cúpulas que desafiaban el cielo, calles que guardaban secretos más antiguos que cualquier apellido que haya existido…
Valentina observaba por la ventanilla sin hablar. Matteo dormía apoyado en su hombro, los audífonos puestos, la respiración tranquila, ajeno a