“¿Y si hoy no caminara hacia ese altar?”, pensó una última vez. Esa pregunta solo aparecía más y más frecuentemente en su cabeza, mientras esperaba el momento en que sus puertas se abrieran.
Después de 2 horas, dos estilistas entraron primero con sus maletas plateadas, después las maquilladoras, luego la modista para el último ajuste del vestido.
El espejo de cuerpo entero reflejaba una transformación digna de un cuento de hadas, sus ojeras desaparecieron bajo un velo de colores cálidos, sus