Tres días después del nacimiento de Eryon, la plaza principal de Luminaria se preparaba con un bullicio contenido, pero lleno de expectativa, para acoger la Ceremonia del Nombre. Era un rito ancestral, tejido con las tradiciones humanas, lobunas y vampíricas, que unía a los tres pueblos en una sola celebración para recibir a un nuevo miembro en el tejido vivo de su alianza.
Esta vez, sin embargo, la ceremonia tenía un peso especial: sería la primera vez que un niño nacido de dos sangres tan dist