El silencio en la habitación de Emma era denso, interrumpido únicamente por el goteo constante de la solución salina en su vía. Noah entró sin llamar, sosteniendo una carpeta de cuero negro que parecía contener una sentencia de muerte. Su rostro era una máscara de hierro, pero el ligero temblor en sus dedos al sujetar los papeles delataba la tormenta interna que Liam había desatado minutos antes.
Emma estaba sentada en la cama, mirando por la ventana. Al verlo, su mandíbula se tensó.
—Vienes a