Noah regresó menos de una hora después. No traía al abogado; traía los documentos él mismo, sujetos contra su costado como si fueran un arma cargada. Entró en la habitación y encontró a Emma sentada en el borde de la cama, ya vestida con su uniforme de residente, aunque su palidez delataba que apenas podía sostenerse en pie.
—Aquí tienes —dijo Noah, dejando los papeles sobre la mesa—. He borrado las "ofensas" materiales. No hay dinero, no hay casas, no hay ascensos comprados. Solo el acuerdo de