Noah caminaba por el pasillo del sótano como un depredador herido. Sus pasos resonaban contra el suelo de linóleo, ignorando los saludos de las enfermeras que se apartaban al ver el incendio en su mirada. Cuando llegó a la zona de archivos, la vio: Emma estaba de espaldas, guardando carpetas con una rigidez mecánica que gritaba dolor.
Sin previo aviso, Noah la tomó del brazo y la giró, acorralándola contra las estanterías de metal. Antes de que ella pudiera protestar, él la rodeó con sus brazos