El pasillo que conducía a la sala de juntas de la planta alta del St. Thomas parecía un corredor de ejecución. Noah caminaba con las manos metidas en los bolsillos de su bata, apretando los puños con tal fuerza que sus nudillos crujían. Detrás de él, el caos de la discusión del archivo aún vibraba en el aire.
Marcos Vancamp se unió al grupo en el vestíbulo de los ascensores. Observó a Noah, que le lanzaba una mirada asesina a un Dominic que todavía se estaba ajustando la bata tras el asalto ver