Mundo ficciónIniciar sesiónMaximiliano Romano no necesitaba levantar la voz para ser escuchado.
No necesitaba explicar su poder. Lo encarnaba.Era la clase de hombre que al entrar a una sala detenía el aire. No por escándalo, sino por algo más profundo: una energía que rozaba la intimidación y el deseo.
Vestido siempre de negro impecable —trajes a medida de Armani, corbatas italianas de nudo perfecto, relojes suizos que nunca ostentaba, pero siempre brillaban ba






