Capítulo 30: Falsas verdades
La oficina de Elijah McMillan olía a cuero caro, a whisky añejo y a secretos antiguos. Un espacio diseñado para intimidar, no para recibir visitas. Las estanterías de caoba impecable, los ventanales altísimos que dejaban filtrar una luz dorada como de vitral sagrado, y el escritorio monumental al centro… todo hablaba de poder. De control. De dominio absoluto.
Elijah estaba allí, como un emperador esperando a un emisario caído en desgracia. Tenía una copa en la man