El regreso al departamento al caer la tarde se sintió como entrar directamente a un calabozo de cristal. Las luces automáticas de la sala, se encendieron de forma paulatina, proyectando un resplandor tenue sobre los muebles, que solo servía para resaltar la pesadez de la atmósfera. Me quité el abrigo con movimientos lentos, revelando un conjunto de falda recta y blusa de seda en tono azul marino que había elegido en taller para cambiarme y mantener una presencia formal durante las tensas horas