El aire en el despacho privado de mi taller independiente se volvió tan pesado que cada bocanada me causaba un sutil nudo en la garganta. Ante la tormenta financiera que se avecinaba.
Marisol continuaba de pie junto a la gran pantalla de la pared, con los dedos temblorosos y fijos en los indicadores digitales que no dejaban de parpadear en un tono rojo de emergencia absoluta. Al ver las señales de la distribución y los reportes informativos que parpadeaban en el monitor, entendí que el presenti