El zumbido del aire acondicionado en el salón principal era lo único que cortaba el silencio espeso que siguió a ese beso. Ezra se apartó despacio, soltando el agarre de mi cintura con una lentitud que me permitió recuperar el aliento de golpe. Mantuvo la mirada fija en mis ojos por un instante, con la respiración todavía un poco alterada, antes de dar media vuelta y caminar hacia la barra de mármol.
Se sirvió un vaso de agua fría, dándome la espalda, mientras yo intentaba que mis piernas dejar