La jornada laboral en el taller de costura había sido agotadora, pero el peso real que arrastraba no venía de los rollos de tela, sino de la fecha en el calendario.
Era mi cumpleaños, un día que me había propuesto ignorar por completo para no hundirme en la nostalgia de mi antigua vida de clase media. Marisol me había felicitado temprano con un abrazo sincero en el despacho, pero el resto de las horas transcurrió entre hilos, costuras y las llamadas habituales de los proveedores.
No esperaba ab