La recepción VIP posterior a las juntas de la cumbre internacional se desarrollaba bajo un techo de cristal que dejaba ver el cielo estrellado de la ciudad extranjera.
Meseros con guantes blancos se deslizaban entre los círculos de empresarios multimillonarios, ofreciendo copas de cristal fino en un ambiente donde se respiraba un poder económico absoluto. Llevaba puesto un vestido de satén azul oscuro de corte asimétrico que estilizaba mi postura recta, permitiendo que el diamante de platino de