La claridad de la mañana se filtró por el gran ventanal panorámico de la suite, barriendo de golpe las últimas sombras de la noche.
Me desperté en medio de las sábanas de seda de mi recámara principal, sintiendo que una pesadez asfixiante y un sutil y constante ahogo en la garganta dominaban todo mi sistema en un parpadeo absoluto. Sintiéndose vulnerable por primera vez desde que pisé el suelo de este penthouse residencial del distrito financiero.
El calor abrasador de la noche anterior seguía