Nos quedamos congelados en ese instante exacto de anticipación, suspendidos en el rincón más oscuro del salón principal del penthouse.
Los labios perfectos de Ezra permanecían a escasos milímetros de distancia de los míos, congelando el aire caliente de la sala en una tensión sexual asfixiante que me nubló el juicio por completo. Podía sentir el calor abrasador que emanaba de su pecho musculoso presionando casi de forma directa contra mi cuerpo en medio de la noche, obligando a mi respiración a