El distrito financiero con un sol crudo que iluminaba de forma digital las vidrieras de mi nuevo taller.
Tras el cierre del roun de tensión que habíamos dejado atrás en la cocina del penthouse, donde Ezra había quebrado el protocolo de mis cinco reglas, me refugié en el trabajo. La quiebra del protocolo a puerta cerrada seguía enviándome la sensación de descargas directas electricas hacia mi cuerpo, pero no podía permitir que mi agitación matutina interfiriera con la primera fase de la jornada