El zumbido constante y monótono de las máquinas de coser en la planta baja de mi taller industrial, operaba como mi único refugio seguro, frente a la tormenta que seguía azotando el distrito financiero.
Me pasé las primeras horas de la mañana supervisando de forma minuciosa el rendimiento creativo de las costuras en mis oficinas de confección del sector norte, intentando desesperadamente que la rutina del trabajo manual apagara la agitación asfixiante que me oprimía el pecho.
Para esta jornada