El crujido seco de las tijeras de sastre al cortar la pesada lona negra resonó en la amplitud de mi taller industrial, rompiendo la calma ficticia del momento.
Me pasé las primeras horas de la jornada de oficina encerrada de forma hermética en las plantas de confección del sector norte, obligando a mi mente creativa a ignorar el acoso perimetral que rugía en la acera inferior.
Decidí cambiar el suéter holgado del desvelo por un sastre premium en tono azul marino de corte cruzado y una blusa de